Justin quiso maldecir en voz alta, para luego vociferar las palabrotas más oídas en todo el mundo, cuando vio el rostro de su esposa; expresiones como la sorpresa, confusión, tristeza y dolor habían cruzado por este, cuando vio el maldito sello del envenenado sobre. Se giro hacia Micaela, que por alguna razón le despertó un muy amargo sentimiento, y un tanto brusco, le dijo:
- Si eso es todo, preferiría que te retiraras, gracias, pero necesito hablar con mi esposa – luego le lanzó una mira helada que no admitía replica. Aún así la mujer se aventuró a decir:
- Si me necesitas, ya sabes donde encontrarme Justin. Hasta luego… señora Bieber – diciendo esto le entregó los papeles, luego se dio la vuelta y se fue con una sonrisa diabólica en los labios; pensando que aquella pareja no duraría nada. Justin la observó por unos segundos esperando que su rabia remitiera y luego se volteó hacia su mujer, tenia los puños apretados y el cuerpo tenso.
- _____, yo te puedo explicar esto…- empezó él, pero se detuvo al ver la mirada de odio que ella le lanzaba y en la cual había un puñado de lagrimas pugnando por salir – por favor no llores, se que hice mal en no decirte nada sobre esto…
- ¡Y cuando demonios pensabas decírmelo!, ¿Tal vez cuando se acabara nuestra pequeña luna de miel y te dieras cuenta que el matrimonio no es nada novedoso y decidieras seguir con tu maldita vida de soltero?, o ¿Tal vez cuando te cansaras de nuestra pequeña aventura sexual? – _____ sentía que el nudo que tenia en la garganta la iba a ahogar. La rabia la estaba sobrecogiendo y el dolor se estaba adueñando de su corazón; todo por culpa de aquel ser despreciable que tenia a su lado.
- Ni una cosa ni la otra, ¡No permitiré que denigres lo nuestro y mucho menos estos maravillosos días juntos! – Justin se le acercó y la tomó del brazo suavemente, pero ella se safó de golpe y lo empujó.
- ¡No me vuelvas a poner una mano encima, maldito!
- ¡_____ por Dios!, déjame hablarte, ven sube al auto y vamos a hablar a otro lugar – replicó él pacientemente. Pero ella enfrascada en su furia lo ignoró y emprendió camino hacia la playa…muy rápido. Justin la siguió y la trató de detener varias veces sin éxito, hasta que ella apretó el paso y fue cuando él decidió tomarla entre sus brazos a la fuerza para que lo escuchara.
- ¡Escúchame, yo no me acordaba de esos malditos papeles! – grito él para que ella lo escuchara, ya que intentaba soltarse como si fuera una fiera salvaje.
- ¡Eso no me importa!, lo que me importa es que los solicitaste y no me dijiste nada, me dejaste actuar como una idi*ota para humillarme, ¡Te odio! – espetó ella, al tiempo de que intentaba infructuosamente soltarse de los poderosos brazos que la rodeaban. Sentía el escozor de las lágrimas de rabia y dolor, y eso la ponía más iracunda.
- No, tu no me odias, quisieras, pero no puedes. Y yo no te quería humillar, para nada, nunca he querido eso; solicité el divorcio cuando pensé que no querías nada conmigo luego de lo que pasó en el hotel, eso ya lo habíamos hablado – dijo Justin, apretándola contra él. Ella ahora estaba colorada de rabia y él estaba seguro de que, si le soltaba una mano iba a recibir un bofetón de ella.
- ¡No te creo!, por que si es así, ¿Que demonios hacia la desgraciada de Micaela Restrepo aquí? ¿Cómo sabia ella que todo esto iba a pasar y sobre todo que tú habías solicitado el divorcio? Y lo más importante, ¿Qué rayos tiene que estar ella yendo a la mansión, cuando le prohibí que fuera? – espetó ella sintiendo los celos hervirle la sangre, mientras aún prevalecía la rabia y el dolor por los papeles de divorcio.
- ¡No lo sé!, maldición, no tengo idea y ¿Se puede saber a que vienen esas reclamaciones y esos celos? Yo no te digo nada por que tú aún ames al imbe*cil que te dejó hace años y en el cual piensas a menudo – ahora era él que estaba furioso. Allí estaban ellos dos peleándose y gritándose como dos salvajes, pero Justin no la soltaba, al contrario ahora la ceñía más a él.
- No estamos hablando de él, sino que de ti y de mí, y de la manera tan cobarde que usaste para poder utilizarme y luego irte con tus mujeres, ¿Por qué eso es lo que pensabas hacer cuando el divorcio fuera un hecho? ¿Verdad? – replicó ella tan celosa, que no notó los celos de él.
- Mi única mujer eres tú y… - empezó a decir Justin con la mandíbula apretada y la furia corriendo por sus venas.
- ¡Sí!, yo y Micaela, y todas…
- ¡Suficiente! – él tomó la boca de ella en un beso furioso destinado a hacerla callar, con el rabillo del ojo visualizó unos arbustos playeros sobre una duna de arena y allí se dirigió con ella revolviéndose furiosa en sus brazos y tratando de romper el beso. Una vez allí, lejos de la vista de cualquiera, la tumbó en la arena y la apresó con su cuerpo. El cuerpo de _____, a pesar de lo fúrica que estaba su dueña, reaccionó al contacto y se acomodo debajo de él.
- ¡Te odio!, me oyes, ¡Te odio! – susurró ella cuando él se separó un poco para tomar aire – ¿A cuantas has seducido así?, de esta manera como si fueras un macho cabrio…
- A ninguna, solo tú…solo tú me haces perder el control de esta manera – luego la besó otra vez y ella respondió afanosamente. Empezó a acariciar el cuerpo tembloroso de ella, pero cuando sintió que iba a perder más el control se separó. _____ lo observó con la respiración acelerada y pensó que a veces lo odiaba tanto como lo amaba y deseaba. De pronto el celular de él empezó a sonar y lo contestó en el tercer tono.
- Diga – respondió con el ceño fruncido, pero de inmediato se le iluminó y sonrió – si, ya estamos aquí, es que decidimos dar un vuelta por la playa…claro allí estaremos, hasta luego. Dicho esto, se giró y la miró, muy serio.
- Era la mujer que te quería presentar, o mejor dicho, la que te quiero presentar. – Se detuvo y la mando a callar con la mirada cuando vio que ella iba decir algo – Es mi abuela, _____, no te atrevas a echarle a perder la velada que con tanto gusto nos preparó por que sino las cosas si que se pondrán muy feas. _____ lo miró, mientras se ponían en pie, un poco avergonzada por haber pensado mal de él en ese aspecto. Luego se sintió un poco peor cuando lo vio romper los papeles de solicitud del divorcio sin ninguna contemplación ni arrepentimiento, para luego lanzarlos al mar.